Introducción
Al
empezar a compilar información para hacer un monográfico (...) el aspecto que se consideró más atrayente de los lupercos y las
Lupercales, fue el que posiblemente se remontaran a los primeros
pobladores del monte Palatino. Esta característica ofrecía la
oportunidad de trabajar sobre un cuerpo religioso y cultural propiamente
latino, que parece ser permaneció vigente aún frente al tan citado
eclecticismo romano en estos aspectos.
La
tradición de las Lupercales, que se presenta aquí como ejemplo de tantas
otras tradiciones de origen pre-urbano, no se salvó de las reformas. Pero
es posible distinguir los orígenes del culto de posteriores influencias,
y hacer un seguimiento del mismo hasta sus últimas manifestaciones. Por
falta de referencias más extensas, pero también por las limitaciones
espaciales, no se ha podido realizar este seguimiento de manera
exhaustiva, pero se ha intentado marcar las diferencias más relevantes.
De
este modo, en la primera parte del trabajo, se ha intentado esbozar el
contexto histórico y cultural en el que se enmarca el origen del culto
romano. En
la segunda parte, se ha intentado seguir la evolución de una de estas
festividades de los orígenes; las Lupercales. Por un lado, presentando
las características propias de la ceremonia, en las que se pone de
manifiesto su sentido originario. Por otro, empleando fuentes clásicas,
se ha intentado plasmar la evolución que sufrieron, respecto a su
consideración, a través del significado y fundación que le atribuyen
unos autores muy posteriores a su nacimiento pero, al mismo tiempo,
contemporáneos a su celebración. En esta línea, se han observado también
algunas de las implicaciones históricas de las Lupercales, como por
ejemplo su relación con las reformas de Augusto.
Finalmente,
a través del decreto del Papa Gelasio condenando las Lupercales, se
muestra como aún tras la desaparición de los sacerdotes lupercos y el
culto oficial, la tradición sigue viva entre el común de las gentes, y
las transformaciones que esto implica.
Los orígenes del culto en Roma.
Al
hablar de religión en la Antigua Roma, a menudo se recurre a la idea de
una larga y persistente tradición “greco-romana”. Esta identificación
podría ser válida a partir del periodo en que la literatura, las artes y
los cultos de Grecia y Roma confluyeron de tal modo que devinieron prácticamente
una misma cosa (s. IV- s. I a.n.e). No obstante, es conveniente recordar
que los orígenes primitivos de Roma se remontan al s. VIII a.n.e, con el
asentamiento en el monte Palatino. En sentido cronológico se podrían señalar
influencias etruscas y de las colonias griegas del sur de la actual
Italia, antes que de las de la Grecia Helenística. Cuando los etruscos
aportan la escritura a los indígenas de la zona, ya hace un siglo que
Homero ha escrito sus poemas, insertando en ellos elementos de épocas aún
más remotas (se supone unos orígenes del Bronce Final para las leyendas
y mitos que relatan); la cultura clásica griega está a punto de nacer,
pero los romanos aún se encuentran en una etapa muy primaria de su
evolución cultural (Perowe, 1969).
Durante
las fases primitivas de la religión latina (s. X – s. VII) el universo
simbólico estaba estrechamente vinculado a la naturaleza de modo que,
aunque no se reverenciaran como divinidades, los animales, plantas y
lugares, eran identificados como una manifestación de la divinidad.
Algunos autores hacen corresponder esta idea con el término numen.
Así mismo, los Dioses no están completamente definidos; la mayoría
tiene un sexo marcado, pero no hay señales de antropomorfismo. Entre los
Dioses más importantes destacan Júpiter (divinidad principal) y
Marte. Por otro lado, algunos míticos reyes del Lacio fueron divinizados;
como sería el caso de Jano, Saturno y Fauno. Estos se presentan en
ocasiones siguiendo el rol del héroe civilizador, pero remeten a una época
anterior, viven en un ambiente salvaje, se asocian a elementos pre-agrícolas
y su aspecto conserva a menudo rasgos zoomorfos.
El
culto funerario es, en principio, la incineración. Los restos se
depositaban en una urna que reproducía la forma de una cabaña, también
se introducía a menudo como ajuar funerario una pequeña figura humana de
barro, supuestamente a imagen del difunto, y un seguido de objetos
personales (armas, vasos...) miniaturizados; a demás de las ofrendas de
alimento. Posteriormente la inhumación sustituirá a la incineración, y
el sarcófago a las urnas.
Se
atribuye tradicionalmente la fundación y estructuración de la religión
pública, así como de los principales colegios sacerdotales, al rey Numa,
sucesor del mítico fundador de Roma, Rómulo. El calendario de
festividades atribuido a Numa, contemplaba sólo diez meses y hallamos
cultos propios de una sociedad básicamente agrícola y pastoral.
Posteriormente, por influencia etrusca, se añadirán dos meses y se
observará, también en relación a los cultos, un aumento progresivo de
la importancia de la actividad política y militar.
A
pesar de que el significado de estas fiestas de origen primitivo fuera
deformado con el paso del tiempo, estos cultos coexistirán a lo largo de
los siglos con los de una sociedad ya urbanizada. Tal es el caso de las
festividades Saturnales o las Lupercales, ejemplo este último que
analizaremos más adelante.
Un culto primitivo subsistente: Las Lupercales
Las
Lupercales presentan muchos puntos oscuros, empezando por la misma
etimología del nombre, de la cuál sólo sabemos con certeza que está
relacionada con lupus (lobo). Se propuso un compuesto de lupus
y arcere (contener, encerrar, retener); pero esta teoría ha sido
abandonada, y actualmente se da mayor crédito a un compuesto entre lupus
e hircus (macho cabrío). Esta teoría podría ser reforzada por la
presencia de cabras y cabríos entre las víctimas del sacrificio ritual,
así como por el nombre popular por el que eran conocidos los Lupercos: capri
(relativo a la cabra). Así mismo, debemos tener presente
que se trata de un culto de origen agrario, en el que probablemente se
honorara la figura del lobo para que no atacara al ganado. Por otro lado,
tal vez la vinculación con cabras y cabríos facilitara la posterior
identificación del culto con la deidad griega Pan, el cual suele
representarse con cuernos o patas de cabrío.
Las
Lupercales se celebraban el 15 de Febrero, mes en que, como señala Dumézil,
nos encontramos con el final del invierno y la proximidad de la primavera,
del año nuevo en el calendario de diez meses (que se iniciaba en Marzo);
en el que encontramos rituales de liquidación y preparación, tomando
especial importancia todo aquello concerniente a la purificación. Podemos
intentar estructurar el ritual de las Lupercales a partir de las fuentes
clásicas.
En
primer lugar encontramos un sacrificio ritual en la gruta del Lupercal,
situada en el monte Palatino, en la que, según la leyenda de la fundación
de Roma, la loba había amamantado a los gemelos Rómulo y Remo. Las víctimas
del sacrificio son cabras (en número indefinido) y también un perro,
Ovidio (Fasti II, 361). También se hacían ofrendas de la mola
salsa de las vestales, hecha con las primeras espigas del año
anterior.
Plutarco
(Romulus, 21,10) relata que, tras el sacrificio de las cabras, dos
jóvenes (no se especifica si eran miembros de la cofradía de los
Lupercos) se acercaban al altar, y el sacerdote les ungía la frente con
el puñal del sacrificio aún manchado con la sangre del animal
sacrificado. Seguidamente, los otros participantes les limpiaban la sangre
con un pedazo de lana empapado de leche, momento en el cual los jóvenes
debían romper a reír.
Es
improbable que el sacerdote encargado de marcar la frente de los jóvenes
fuera un flamen Dialis, ya que entre las privaciones a las que este
sacerdocio estaba sometido encontramos que “no puede tocar una cabra,
ni carne cruda, ni hiedra ni haba, y ni tan siquiera pronunciar su nombre”
(Aulo Gelio, Noctes
Atticae, X, 15, 12)
Los
Lupercos, vestidos rudamente con las pieles de los animales sacrificados,
según algunos autores (Justiniano 43, I, 7), o bien desnudos según otros
(Ovidio, Fasti II, 267, 300), iniciaban una carrera al rededor del
Palatino. Esta carrera imitaría, según Ovidio (Fasti II, 365-380), la de
Remo y Rómulo para salvar los toros de este último de los ladrones.
Corriendo, los Lupercos blandían las tiras hechas de la piel de los
animales sacrificados, prodigando latigazos con ellas a aquellos que
encontraban por el camino, pero especialmente a las mujeres, con el fin de
asegurar su fertilidad.
Esta
flagelación es justificada por Ovidio (Fasti II, 425-452) a través de
una historia referente a la esterilidad de las Sabinas, tras ser raptadas
por los latinos. La solución enigmática al problema, recibida de la
Diosa Juno, “ Italidas matres, inquit, sacer hircus inito!” (Que
un cabrío sagrado penetre las mujeres de Italia), fue resuelta por
un adivino etrusco; quién inmoló un cabrío, cortó la piel a tiras y
flageló la espalda de las mujeres, que recuperaron así la fertilidad.
Se
habla también de un banquete ritual con la carne de los animales
sacrificados, que Valerio Máximo (II, 2,9, en la leyenda de la fundación)
sitúa tras el sacrificio, y otros autores tras la carrera.
Evolución
en el tiempo
Ya
en los autores clásicos encontramos intentos de definir tanto el origen
como el significado de las Lupercales; hecho que nos permite ver cómo
evoluciona la consideración de esta festividad en el tiempo.
En
general hay dos tendencias, ambas presentadas por Ovidio (Fasti II,
421-424): “La loba dio su nombre al
lugar, el lugar a su vez a los Lupercos: así, esta nodriza, ha recibido
por el don de la leche una gran recompensa, aunque se puede derivar también
de una montaña de la Arcadia; el Liceo en Arcadia cuenta con más de un
templo de Fauno”. La
una, ya comentada, es considerarla una fiesta dedicada a Pan,
identificando la deidad griega con el Fauno romano, el cual era venerado
con el apodo de Lupercus (Tito Livio I, 5,1). A Fauno, Dios
silvestre, se le atribuía la fertilidad y protección de los campos. Según
la tradición, fue el rey Numa el primero que se dirigió a él para
cuidar de su ganado, y es en este aspecto dónde Fauno presenta similitud
con el Pan griego.
Podemos
observar la Helenización de los orígenes de las Lupercales en Tito Livio
(I, 5), quien atribuye su institución a Evandro,
y hace derivar del Pallanteum, una ciudad de Arcadia, el
nombre de Palatino. Según Tito Livio, en este lugar se celebraban fiestas
en honor a Pan, oficiadas por jóvenes desnudos. Virgilio (Eneida,
VIII, 342-344) también dedica les Lupercales a Pan.
La
otra tendencia es considerar las Lupercales como una festividad dedicada a
la memoria del episodio de los gemelos y la loba (Luperca),
adaptando así la festividad a los mitos fundacionales de la ciudad. Los
mitos de héroes criados por animales no son exclusivamente romanos,
podemos citar, por ejemplo, el Zeus griego amamantado por la cabra
Amaltea. El hecho de que Rómulo y Remo fuesen criados por la loba puede
ser comprensible teniendo en cuenta que el lobo era el animal asignado a
Marte, según el mito, padre de los gemelos (entre otros; Justiniano,
43,2; Propercio IV, 1, 55-56).
Con
todo, en las fuentes clásicas encontramos autores que identifican a la
loba que amamantó a los gemelos con su madre adoptiva, Acca Larenta,
Laurentia o Laurentina.
Según
Tito Livio (I, 4, 7):
“Otros pretenden que Larentia era una prostituta, una “loba”,
como dicen los pastores, y esto habría dado lugar a esta leyenda
maravillosa”. La explicación que encontramos en la obra Origine
Gentis Romanae (XXI, 1-2), atribuida
a Aurelio Victor, es más extensa: “Según Valerio, al contrario, los
niños nacidos de Rhea Sílvia fueron confiados por el rey Amulio a Fáustulo,
su esclavo, el cual tenía que matarlos. Pero Numitor suplicó que les
perdonara la vida, y Fáustulo los dio, para que los cuidara, a su mujer
Acca Larentia, mujer llamada la Loba porque tenía por costumbre vender y
prostituir su cuerpo. Es, en efecto, sabido que se llama así a las
mujeres que trafican con su cuerpo. Es por esto que los lugares donde
ellas yacen reciben el nombre de lupanar”.
Lo
cierto es que Acca Larentia es una figura compleja dentro de la mitología
y los primeros cultos romanos. Por un lado, como nodriza de Rómulo y Remo
se le atribuye el origen de la cofradía de los fratres arvales;
“Esta mujer, dice él, tenia doce hijos varones, y perdió uno que
murió, en su lugar, Rómulo se dio como hijo a Acca Larentia, y se
llamaron, él y los otros hijos, hermanos Arvales. A partir de este
momento, el colegio de los fratres arvales permaneció en número de
doce, la insignia de este sacerdocio es la corona de espigas y las
cintas blancas” (Aulo
Gelio, Noctes Atticae, VII, 7, 8.).
Por
otro lado, en tanto que prostituta, se le atribuye el origen de la
festividad Larentalia, un culto a los antepasados celebrado el 23 de
Diciembre. Según esta versión, Acca Larentia habría sido una cortesana
que se habría unido con Hércules en su templo. Este Dios, le habría
dado la oportunidad de casarse con un etrusco, del cual heredó grandes
riquezas que, a su muerte, ella legó al pueblo de Roma. Cada año se
celebraría, desde entonces, la fiesta de la Larentalia en su honor
(Macrobio, Saturnalia, I, 10, 12-17).
Algunos
autores han considerado que habría dos figuras míticas con el mismo
nombre; la nodriza de Rómulo y Remo, y la cortesana.
Con todo, indirectamente, Ovidio parece loarlas en una misma persona
atribuyendo al entorno de la nodriza de los gemelos, especialmente en
relación a la muerte de Remo, el origen de la Larentalia (Fasti III,
55-58, IV 841-864).
En
estas interpretaciones dadas por los autores clásicos podemos ver cómo
las festividades y cultos más antiguos se han desligado del contexto
original, y se busca, tal vez, en la definición de sus orígenes una
justificación para la celebración de los mismos contemporánea a estos
autores. De este modo, sobre las Lupercales, algunos ponen el acento en el
cariz purificador de la festividad (Varrón, De lingua latina, 6,
43), mientras que otros lo hacen sobre la aportación de la fertilidad
(Ovidio, Fasti II, 425-452). En el segundo caso, López-Cuervo
señala: “Este hecho concuerda perfectamente con la política de
Augusto y su preocupación por la repoblación del imperio. El emperador
promulgó leyes que perseguían y castigaban el celibato. En este contexto
se consideraron las Lupercales como un rito para procurar la fecundidad.
Según
Dumézil,
primitivamente los Lupercos intervenían además en otro orden de
realidades sociales, especialmente en relación a los inicios del año, época
en la que “todo debía ser confirmado”. En relación con esta
idea, en una época muy posterior a los inicios del culto, encontramos el
episodio protagonizado por Julio César y Marco Antonio, en la celebración
de la Lupercalia del año 44 a.n.e
César
añadió a la cofradía de los Lupercos el tercer equipo, los luperci
Iuliani (Diodoro Sículo 44, 6,2), el cabecilla de los cuales fue
Marco Antonio. Al finalizar la carrera, Marco Antonio habría ofrecido
diversas veces a César una diadema de laurel, al estilo de las de los
antiguos reyes helenísticos, que César rechazó. (Suetonio, Vita
Caesaris, 76, Plutarco, Caesar 61, 2-3). Para Dumézil, esta
experiencia podría haber sido simbólica, una especie de reconstrucción
de una antigua escena que tuviera significado para el pueblo romano, y
permitiera sondear la opinión pública respecto al nombramiento real de César
como rey romano.
Cicerón
(Filipicae XII, 5) describe a Marco Antonio en la celebración como
“desnudo, ungido, ebrio”. Podría ser que en esta época el
culto de los Lupercos hubiera empezado a ser considerado negativamente por
los propios romanos. En época de Augusto se llevan a cabo algunas
reformas en relación a cultos y colegios sacerdotales, Suetonio (Vita
Augusti XXI, 3-6) relata cómo se restablecen las Lupercales y cómo,
al mismo tiempo, se prohíbe la asistencia a los jóvenes, si no van
acompañados por un adulto. Ahora bien, esta progresiva pérdida de
popularidad de las Lupercales, ¿viene dada por una degeneración en las
costumbres, o por un cambio en la mentalidad romana? Tal como indica Dumézil:
“En el día de las Lupercalia, la humanitas y las leges de la villa
se borraban ante lo silvestre y agrestre”. La carga significativa de
las Lupercales había sido importante en su contexto originario, el de los
primeros estadios de la civilización, pero ¿qué valor podían tener los
comportamientos “salvajes” entre los romanos de una civilización
urbana? Si en un primer momento los cultos del hogar y del ciclo
agricultor o ganadero pasaron del ámbito del clan al culto del Estado; en
otro estadio la evolución de este Estado, de su cultura oficial,
sobrepasa las antiguas costumbres. Con todo, lo más frecuente es que en
la cultura popular sigan vivas, bajo diversas formas.
El
año 392, el emperador Teodosio declara ilegal el paganismo; se condena a
pena capital la adoración de ídolos, la realización de sacrificios y la
visita de los templos. Con la desaparición del colegio sacerdotal de los
Lupercos, y en este nuevo contexto, las Lupercales no podían mantener su
significado religioso.
En
tiempos del Papa Gelasio
(492-496), el cual publicó un decreto contra esta festividad, se habla
nuevamente de la degeneración de las Lupercales. Los sacrificios ya no se
pueden realizar, y nada queda ya de la desnudez ritual. Con la ausencia de
los sacerdotes Lupercos, son la gente del común los participantes, y los
cantos en honor a Fauno o Pan, han sido sustituidos por canciones festivas
y licenciosas. El decreto de Gelasio acabó prohibiendo oficialmente
las Lupercales, si bien sus acusaciones van dirigidas a los mismos
cristianos, que participaban en ellas. En el capítulo 16 del texto de
Gelasio podemos leer: “Pero, ¿qué vais a decir vosotros, que defendéis
las Lupercales y proponéis que se celebren? Vosotros las despreciáis y
hacéis grosero y vulgar su culto y su celebración. Si la aversión a las
Lupercales nos trajo desgracias, vuestra es la culpa, de vosotros que lo
que pensáis que os es extraordinariamente útil os disponéis a
celebrarlo con extrema negligencia y con un cuidado y devoción bastante
inferiores al modo en que lo celebraron vuestros antepasados del
paganismo. En aquellos tiempos, incluso los nobles corrían y las
matronas, con su cuerpo desnudo a la vista de todos, recibían azotes. Por
tanto, vosotros fuisteis los primeros que atentasteis contra las
Lupercales. Hubiera sido mejor no celebrarlas que hacerlo con injurias.
Sin embargo, este culto que os es tan venerable y que consideráis
saludable, lo habéis reducido a gentes comunes y vulgares, humildes y de
baja condición.”
Ya
en aquel tiempo muchas de las festividades, cultos y Deidades paganas habían
sido cristianizadas, y este fue también el caso de las Lupercales. Tras
la condena oficial de la celebración de origen pagano, este fue
sustituido por la fiesta de la Purificación de la Virgen María, también
llamada Candelaria, en la que se conserva el sentido de purificación. En
lo referente al aspecto más salvaje de las Lupercales, parece ser que fue
a confluir, juntamente con el mismo aspecto de las Saturnales al Carnaval
de la tradición popular cristiana.
Conclusiones
A
lo largo del trabajo se ha intentado mostrar la evolución, antes del
contexto que de las ceremonias, tomando como modelo las Lupercales, de
unos cultos que se originaron en el mundo romano más antiguo, y que
perduraron en el tiempo, aún desligados del culto oficial.
A
la vista de los datos obtenidos podemos hablar del cuerpo de ceremonias y
cargos más antiguos como un seguido de unidades relacionadas, originadas
en el contexto de una sociedad agrícola y pastoril. Como se anuncia al
analizar la evolución de las Lupercales, estos cultos pasaron, en un
primer momento, del ámbito del clan al culto del Estado. Esto se puede
interpretar por las particularidades del culto a Vesta (culto al fuego del
hogar), y de las diversas sodalitates (procesiones, indumentaria,
culto a deidades agrícolas y ganaderas...). Pero especialmente en el
hecho de que estos sacerdocios, incluso el de las vestales de la primera
época, eran ligados a las diversas familias aristocráticas, remitiéndonos
a un estadio de la sociedad latina distribuida en familias, clanes y
tribus.
Con
la evolución del Estado, evolucionan la cultura y la religión oficial
romanas, recibiendo influencias, primero de los etruscos y de la Magna
Grecia, más tarde de la Grecia Helénica y de las diferentes regiones con
las que, a lo largo de su historia, entran en contacto (Próximo Oriente,
Egipto...). Hay un gran dinamismo por lo que respecta a la importación y
exportación de cultos, empapado siempre de un intenso sincretismo
religioso. Pero los cultos primeros, matizados por los contemporáneos
(como podemos ver en el relato de sus orígenes y su descripción) aún
subsisten, apoyados por la tradición. Reciben retoques de cariz helenístico,
y se relacionan con la fundación mítica de Roma; tal vez como intento de
justificación de unos orígenes más nobles que pastorales.
Siguiendo
esta evolución, vemos como, poco a poco, van siendo relegados a un
segundo plano, y considerados al parecer más negativamente. Tomamos como
ejemplo que Augusto prohíba la asistencia a menores a la ceremonia, la
visión crítica de Cicerón sobre Marco Antonio como participante, y los
intentos de Plutarco (Caesar, 61,2) y Juvenal (2, 141) de atenuar
el rigor de la flagelación ritual durante la carrera de los Lupercos. Se
ha hablado mucho de una degradación de los cultos romanos, pero tal vez
sería interesante considerar la teoría de que es el Estado el que ha
evolucionado, quedando arrinconados los cultos primitivos por la
imposibilidad de corresponder a las nuevas manifestaciones culturales,
trasmitidas también al ámbito religioso. Es decir, que es posible que lo
que un romano de época Arcaica consideraba normal y beneficioso, fuera
considerado un retraso, una salvajada, por un romano de época Imperial.
Se hace referencia aquí al minoritario sector instruido de la población,
ya que si las viejas tradiciones no hubieran contado con el soporte
popular, su supervivencia, a pesar de los cambios sufridos, hasta siglos
posteriores a la caída del Imperio Romano no hubiese sido posible.
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