Por Massimo Izzi
La creencia de que
algunos hombres voluntariamente, por medio de ciertas practicas mágicas,
o involuntariamente, por influjos no controlados pueden transformarse en
animales feroces, está extendida por todo el mundo.
Cuando se habla
de licantropía cabría pensar que hay que limitarse a las
transformaciones en lobo (lykos en griego) pero esta interpretación
es excesivamente reductiva. En efecto, el conjunto mítico de la
metamorfosi también permanece estructuralmente invariado cuando ésta
no se refiere a los lobos, por tanto, con este nombre me refiero a la
casuística metamórfica en su sentido mas amplio prescindiendo del
animal elegido este animal varia de hecho según las zonas geográficas,
escogido siempre entre los que tienen una particular importancia simbólica
en el ámbito cultural considerado. Así, mientras en la Europa
meridional y en buena parte de Asia es el lobo el que encarna los
valores de mayor significado, en la Europa del Norte, en cambio a veces,
se elige al oso. En el África septentrional encontramos por lo general
a la hiena que, si vamos más al sur, cede lugar al león, al leopardo,
al cocodrilo e incluso al elefante. En el Asia oriental el animal
favorito es la zorra (kitsune), mientras que en el área india goza de
cierta popularidad el tigre, en América septentrional encontramos el
lobo y el oso, mientras que en la zona meridional el jaguar.
La transformación
puede ser inducida, voluntaria o espontánea. La transformación
inducida es la obrada por un mago o por un brujo en alguien que puede
estar de acuerdo y haberla pedido expresamente, o ser victima
inconsciente de la magia (este ultimo caso, por ejemplo, de los compañeros
de Ulises transformados en cerdos por Circe).
La transformación
voluntaria es la operada por el licántropo mismo, se puede obtener por
varios medios : las brujas acudían al aquelarre transformadas en
animales, untándose ciertos ungüentos. En muchos casos, en cambio,
desempeña un papel fundamental en la transformación el vestido: hay
que despojarse de las ropas humanas y revestir la piel del animal
elegido para la transformación, recubrirse de la apariencia de un
animal significa adoptar sus características y participar de su
naturaleza (pensemos en los Berserkr, en Heracles, en los aniotos).
La transformación
espontánea en realidad es siempre una transformación inducida, o sea
causada por una fuerza agente exterior a la victima y desconocida por ésta,
pero en este caso ya no se trata de una voluntad humana que actúa sino
de un inflijo natural, generalmente identificable con la luna.
En realidad este papel
de la luna en la licantropía se basa en un doble equívoco; en primer
lugar, una confusión entre la palabra griega que significa
"lobo" y la que significa "luz", que ha hecho
conjeturar que durante el periodo nocturno de máxima luz, el
plenilunio, pueden producirse estas metamorfosis (mientras que en
realidad mas bien habría que pensar que se producen durante la luna
nueva, puesto que los animales de presa, como el lobo, mas bien están
relacionados con la oscuridad que con la luz ). En segundo lugar, en una
identificación entre una enfermedad mental, ya reconocida como tal por
Galeno en el s II de nuestra era, que se manifiesta con el vagar de
noche bajo la luna gritando y lamentándose y la verdadera y propia
transformación en animales.
En las distintas lenguas el fenómeno de la licantropía ha tomado
denominaciones multiformes entre cuyas etimologías se pueden descubrir
detalles interesantes para ahondar mas en el tema.
El inglés werewolf
deriva de wer hombre (véase el latín “vir” y el sánscrito
“viras”) y de wolf, que antes de significar lobo significaba
"ladrón". Por lo demás, también en el Rigveda ladrón es un
epíteto referido al lobo y, por lo demás, antaño, cuando se ahorcaba
a un ladrón junto con el se ahorcaba también un lobo. Esta
consecuencia de significados entronca con el hecho que el lobo siempre
ha sido el símbolo de los fugitivos y de los exiliados. Según las
leyes de Eduardo el Confesor, los proscritos tenían que llevar una
mascara de lobo.
El francés loup
garou no es sino una tautología : deriva en efecto de luop
garwolf(werewolf) y significa por consiguiente
"lobo hombre-lobo". Hace poco, sin embargo, se ha propuesto
una hipótesis de que garou no sea una deformación de werewolf,
sino que derive en cambio del céltico garo, cruel. En este caso
el loup garou es un lobo malo, hay que observar sin embargo que en esta
segunda
hipótesis se pierde
cualquier referencia a la participación humana en la estructura del
monstruo, participación que es fundamental en el mito.
El término hombre
lobo desciende del medio latín Lupus Hominarius en latín clásico
en cambio, el licántropo se llamaba versipellis, “el que
cambia de piel”.
El ruso volkodlak
deriva de volk “lobo”, y dlak “pelo” con
referencia a una de las características clave de los licántropos: su
vellosidad, que se evidenciaba también en su aspecto humano por las
gruesas cejas o por los pelos en la palma de la mano. Por lo demás, en
el medievo se creía que el licántropo, bajo piel humana, tenía piel
de lobo.
Entre los vascos
encontramos el nombre giznochoa que es una traducción literal
de hombre lobo.
En el folclore letón, el nombre se convierte en vilkacis y en
lituano vilkatas, los escandinavos lo llaman vargulfr o varulf
; los portugueses lobarras o lobis homem .
El griego burculacas
o brucolacas corresponde al eslavo volkodlak o al serbio vulkodlak,
por que la beta inicial griega se pronunciaba como la "v". En
este nuevo paso del eslavo al griego se produce también un
desplazamiento de significado; el que para los eslavos era todavía un
licántropo en Grecia se convierte en un vampiro. Por último en Rumania
tenemos los pryccolitchs que para transformarse voluntariamente
en lobos no deben hacer otra cosa que girar tres veces sobre si mismos.
Muchos pueblos
se precian de descender de los lobos y conservan huella de ello en el
nombre mismo (no hablo de tribus como los lobos negros etc) los Dacios
(del frigio daos, lobo), los Hircanos del mar Caspio (del iránico
vehrka, lobo) los Orkas frigios (de la misma raíz) los Licaones
de la Arcàdia, los Lucanos de la Italia meridional, los Lucenses españoles
(todos ellos del griego lycos) los Irpinos itálicos (del samnita
hirpus, lobo). Tanta convergencia de significado en los pueblos
antiguos tiene que ver con lo que hemos dicho respecto al significado
simbólico del lobo como proscrito o fugitivo. Estos pueblos derivaban
evidentemente de emigraciones forzadas de otros territorios próximos:
muchos pueblos antiguos se precian de orígenes semejantes.
Los proscritos para
sobrevivir, se organizaban como bandas de guerreros o como hermandades
militares. Sabemos que estas sociedades guerreras requerían una forma
de iniciación que, a menudo, consistía en la metamorfosis ritual del
iniciado en el animal. Ésta llevaba a un acceso de verdadero furor
agresivo y de crueldad animal que hacia invencible al guerrero, típico
caso de los Berserkr. Y no hay que olvidar que en África semejantes
tipos de iniciación llevan a la constitución de sociedades secretas,
basadas en el uso de las mascaras animales y en la agresividad salvaje.
Revestirse con pieles de animal servia para que el iniciado participase
realmente de la naturaleza de la fiera, hasta el punto de creerse
transformado.
Los pueblos con nombre
de lobo, por tanto, eran antiguas hermandades de guerreros licántropos
inicialmente expulsados de otros territorios. Sabemos luego que también
los pueblos cazadores dicen a menudo que descienden de animales de
presa, por que existe una estrecha conexión entre el cazador y el
animal feroz, también cazador.
De modo que detrás de
la caza, de la guerra, de la invasión de un territorio por parte de
inmigrados y del comportamiento de los fugitivos, se percibe una
estructura mítica idéntica en la que la disgregación de un mundo
anterior se opone una reconstitución, mediante la fuerza, de un nuevo
orden. El licántropo, por tanto, es un desarraigado, un rechazado; un
excluido pero no vencido. Mediante una fuerza interior invencible que,
como las fieras, lo convierte en parte integrante de la naturaleza,
encuentra su legitimación siempre que haya sabido salir de las trampas
del aislamiento.
Bibliografía
:
IZZI, MASSIMO. ;
Diccionario Ilustrado de los Monstruos, ed. José de Olañeta, Palma
de Mallorca/Barcelona, 2000, p. 295.